Mensaje del Arzobispo Alfonso Cortés “Cuaresma para tiempos de prueba”

Mensaje del Arzobispo.

Mensaje del Arzobispo Alfonso Cortés

Por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica

 

Cuaresma para tiempos de prueba

 

A la Iglesia en la Arquidiócesis de león, Paz y Bien.

Vivimos en una sociedad de muchos contrastes, y hay una cierta predisposición en favor del rechazo, de la transgresión, como si necesitáramos disfrutar del gusto de lo prohibido, de lo nuevo, de lo diferente. En nuestra sociedad se ha instalado la creencia de que para ser progresista hay que criticar a las instituciones y a los que defienden la vida y la familia. Esta situación, poco a poco, va debilitando las convicciones religiosas de muchas personas, y dificulta la adhesión  de los jóvenes a la fe y a las tradiciones cristianas.

En este contexto puede resultar muy provechoso para los cristianos el esfuerzo de vivir con especial seriedad las semanas de la Cuaresma que hemos iniciado el 1 de marzo. El mensaje de la Cuaresma está en el centro de la fe cristiana. Se trata de prepararnos para celebrar adecuadamente las fiestas de la Pascua, para vivir la Resurrección de Cristo como centro de nuestra fe en Dios, apoyo de nuestra esperanza y justificación de nuestra vida.

La primera invitación de la Cuaresma es dedicar algo más de atención y tiempo al cuidado de nuestra fe y nuestra vida cristiana.

Con un poco de interés todos podemos hacerlo. Podemos, por ejemplo, dedicar unos minutos a leer un pasaje del evangelio, unas páginas de un libro espiritual, o de los escritos de los santos. Podemos, por ejemplo dedicar unos minutos a rezar, en casa, por la mañana o por la noche. Podemos incluso pasar unos minutos a leer un pasaje del evangelio, unas páginas de un libro espiritual, o de los escritos de los santos. Podemos también dedicar unos minutos a rezar, en casa por la mañana o por la noche. Podemos, incluso pasar unos minutos en el silencio de una iglesia, ante el sagrario. Por cierto, los Presbíteros responsables deben estudiar el modo de tener las iglesias abiertas durante más tiempo.

Una segunda dimensión de la Cuaresma es la invitación al arrepentimiento y la penitencia de nuestros pecados. Cuando nos acercamos a Dios, cuando dejamos que la mirada de Jesús ilumine nuestra vida; nos damos de nuestros pecados, nuestras faltas de piedad, de diligencia, de amor y misericordia. Sólo reconociendo nuestras deficiencias podremos librarnos de ellas  y mejorar espiritualmente. La oración nos ayuda a sentir con fuerza la presencia de Jesús en nuestro corazón y ver en su presencia la verdad de nuestra vida personal y espiritual. Somos pecadores, y solo podemos alcanzar la verdad y la paz interior reconociendo nuestras faltas y pidiendo perdón a Dios por ellas.

Los cristianos contamos con la seguridad del perdón de Dios anunciado por Jesús, ofrecido por la iglesia, en virtud de su pasión y muerte, mediante el sacramento de la penitencia y del perdón de los pecados. La iglesia ha recibido del Señor el encargo de anunciar y conceder el perdón de los pecados en nombre de Dios y de Jesucristo nuestro salvador. En virtud de la misión y de autoridad recibida, ha ordenado el modo de celebrar y alcanzar este perón de Dios mediante la celebración del sacramento. Nadie, ningún sacerdote, ningún grupo, tiene capacidad para modificar las normas de la iglesia acerca de cómo celebrar este sacramento.

Los cristianos tienen que saber que el ordenamiento eclesial para recibir el perdón de los pecados en el nombre de Dios requiere la confesión personal de los pecados en el nombre de Dios requiere la confesión personal de los pecados a un confesor autorizado por la Iglesia y la manifestación de un verdadero arrepentimiento con sincero deseo de la enmienda que nos prepara para recibir personalmente del confesor la absolución de los pecados por el misterio de la Iglesia y en nombre del mismo Dios. Esta manera de celebrar el sacramento no se puede modificar ni sustituir por otras formas llamadas comunitarias en las que se suprime la confesión de los pecados y la recepción directa y personal de la absolución en nombre de Dios con la formula prevista por la iglesia.

Cuando celebramos este sacramento, los sacerdotes somos meros ministros de la iglesia, humildes instrumentos y servidores del Señor. Los sacramentos son verdaderas acciones de Cristo Salvador por medio de su Cuerpo que es la Iglesia. No tenemos ningún dominio sobre ellos. Nadie puede modificar a su gusto la manera de celebrarlos sin riesgo de profanarlos y perder su fuerza santificadora. Quien actúa de esta manera comete una grave desobediencia, engaña a los fieles y hiere la comunión eclesial.

Hagamos todos, un esfuerzo en esta Cuaresma por reconocer al sacramento de la penitencia la dignidad que le corresponde en la vida de la comunidad cristiana y en nuestra propia vida personal. Busquemos en él perdón  de nuestras culpas, facilitemos a los fieles la celebración del sacramento de penitencia de manera personal, con una buena preparación, según el rito previsto por la iglesia, anunciemos y celebremos el gozo del perdón y de la paz. Sin esta práctica no puede haber crecimiento espiritual en cristianos ni conseguiremos nunca promover comunidades parroquiales espiritualmente vigorosas.

El tercer ejercicio de la Cuaresma es la caridad, el amor. La caridad fraterna tiene un reverso que es la sobriedad, la austeridad. Para ser efectivos en la ayuda a los hermanos necesitados, antes tendremos que ser más austeros y practicar la sobriedad, resistiendo las llamadas constantes que recibimos a favor del consumismo sin límites, del fatigoso tener de todo sin contentarnos nunca con nada. Hagamos un ejercicio consciente de sobriedad para poder ayudar a nuestros hermanos, para dar limosnas importantes para dar limosnas importantes en favor de las misiones, del seminario, de las actividades de Caritas o de las inacabables necesidades de la Iglesia Diocesana.

Recorramos con fervor este camino de la cuaresma. Vivamos los ejercicios cuaresmales con intensidad en nuestras parroquias y comunidades. Es un tiempo de progreso y de crecimiento, un itinerario de liberación y de fraternidad. Por delante de nosotros se ven ya las luces de la Resurrección, el resplandor del rostro de Jesús que nos espera con los brazos abiertos en la casa eterna del Padre común. Esta es la peregrinación de la Iglesia, el itinerario de nuestro crecimiento espiritual, el camino indispensable de la verdadera humanidad.

 

Con mi aprecio y bendición.

 

León, Gto., México a 3 de marzo de 2017.

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