Día del Enfermo

unción

La celebración eucarística con motivo del día del enfermo, se llevó a cabo el sábado 11 de febrero en punto de las 12:30 horas, en el Templo Expiatorio.

Dicha celebración fue presidida por Pbro. Eduardo Contreras Gutiérrez, Pbro. Juan Bonilla Pérez, entre otros que se encontraban presentes realizando el sacramento de la confesión.

Durante la homilía el Pbro. Eduardo Contreras Gutiérrez dijo:

“La compasión, la delicadez, el saberse inclinar hacia los necesitados, la eterna divinidad, el amor infinito eterno misericordioso se asomó a través de la humanidad de Jesucristo, pero fue el instrumento educativo María Santísima, con su corazón femenino de Madre amorosa”.

“Por eso ella sigue siendo el instrumento más preciado para interceder por los enfermos, porque ella es especialmente invocada para toda enfermedad y dolencia”.

“Sabemos que la enfermedad es fruto del mal, que entro por el pecado de Adán y Eva.  El pecado original nos inclina a todos hacia el mal; y que nuestro mismo cuerpo está destinado a al polvo”.

“Pero hay en nosotros un Alma que es imagen de Dios, que esa Alma y ese Espíritu vine de Nuestro Padre Dios. Sabemos que el cuerpo puede enfermarse, el cuerpo puede tener toda clase de dolencia, degradación; pero el Alma se Santifica, el alma se purifica a través de la enfermedad”.

“La enfermedad no es una maldición, desde que Jesús sufrió en su cuerpo toda dolencia; desde que el crucificado y clavado en la cruz murió con esa degradación de su cuerpo. Sin embargo, el resucito para decirnos; mira así te va a pasar a ti. Ese cuerpo que incluso va a ser degradado y que va a llegar hasta el polvo; el poder de Dios, Cristo resucitado lo va a resucitar. Esa es nuestra fe y esperanza”.

“Por eso los hermanos enfermos son una bendición, todo enfermo tiene un instrumento de santificación. Todo enfermo sabe que se une a la pasión de Jesucristo el Señor, y ahí se santifica”.

“Orando por tantas necesidades, el poder de la enfermedad tiene un santo poder cuando está unida a la pasión de Jesucristo, que es la potencia para la santificación a mucha gente y que sirve también para la conversión de los corazones endurecidos de mucha gente”.

Ya para terminar el mensaje de la homilía, exhortó a los enfermos presentes a no decaer y que esa enfermedad que les aqueja se la ofrezcan a Dios.  Y que a través de esto, muestren su fe y el amor infinito que tiene Dios hacía ellos.

Al término de la homilía se continuó con el sacramento de la unción de los enfermos. Recordando que este sacramento se concede a las personas que se encuentran en la gracia de Dios, que han confesado sus pecados; y que además quieren recibir a través de ese signo del aceite consagrado la señal de que se consagran al Señor. De que se les perdonan los pecados, y que a su vez esperan en la Misericordia de Dios su eterna Salvación.

Así fue como dio inicio a la unción de los enfermos, consagrando ese día tan especial unidos a Ntra. Sra. De Lourdes, unidos a la ternura de María intercesora de todos los enfermos; y buscando siempre la compasión y misericordia de nuestro Padre Dios.

Al toque de esta alabanza “Bautízame Señor con tu Espíritu”, se llevó a cabo la unción de los enfermos. Una bonita alabanza que nos recuerda el amor de Dios y la renovación de nuestros sacramentos a Dios.

Sin duda una importante celebración eucarística, que nos deja como enseñanza el amor de Dios y su divina Misericordia. Así como, el saber llevar nuestras enfermedades siempre encomendándonos en sus manos y en las de María Santísima.

 

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